lunes, 27 de abril de 2009

OCTAVIO PAZ, ALBUM FOTOGRAFICO

OCTAVIO PAZ

PIEDRA DEL SOL EN SU VOZ

PIEDRA DEL SOL

Piedra de Sol

Octavio Paz

PIEDRA DE SOL
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo,

un caminar entre las espesuras
de los días futuros y el aciago
fulgor de la desdicha como un ave
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros,
presagios que se escapan de la mano,

una presencia como un canto súbito,
como el viento cantando en el incendio,
una mirada que sostiene en vilo
al mundo con sus mares y sus montes,
cuerpo de luz filtrado por un ágata,
piernas de luz, vientre de luz, bahías,
roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta,
la hora centellea y tiene cuerpo,
el mundo ya es visible por tu cuerpo,
es transparente por tu transparencia,

voy entre galerías de sonidos,
fluyo entre las presencias resonantes,
voy por las transparencias como un ciego,
un reflejo me borra, nazco en otro,
oh bosque de pilares encantados,
bajo los arcos de la luz penetro
los corredores de un otoño diáfano,

voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,

vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño de esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños,

tu falda de maíz ondula y canta,
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,

voy por tu talle como por un río,
voy por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
que en un abismo brusco se termina
voy por tus pensamientos afilados
y a la salida de tu blanca frente
mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,

corredores sin fin de la memoria,
puertas abiertas a un salón vacío
donde se pudren todos lo veranos,
las joyas de la sed arden al fondo,
rostro desvanecido al recordarlo,
mano que se deshace si la toco,
cabelleras de arañas en tumulto
sobre sonrisas de hace muchos años,

a la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos,
rostro de lluvia en un jardín a obscuras,
agua tenaz que fluye a mi costado,

busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo en el instante, caigo al fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante,

busco una fecha viva como un pájaro,
busco el sol de las cinco de la tarde
templado por los muros de tezontle:
la hora maduraba sus racimos
y al abrirse salían las muchachas
de su entraña rosada y se esparcían
por los patios de piedra del colegio,
alta como el otoño caminaba
envuelta por la luz bajo la arcada
y el espacio al ceñirla la vestía
de un piel más dorada y transparente,


tigre color de luz, pardo venado
por los alrededores de la noche,
entrevista muchacha reclinada
en los balcones verdes de la lluvia,
adolescente rostro innumerable,
he olvidado tu nombre, Melusina,
Laura, Isabel, Perséfona, María,
tienes todos los rostros y ninguno,
eres todas las horas y ninguna,
te pareces al árbol y a la nube,
eres todos los pájaros y un astro,
te pareces al filo de la espada
y a la copa de sangre del verdugo,
yedra que avanza, envuelve y desarraiga
al alma y la divide de sí misma,
escritura de fuego sobre el jade,
grieta en la roca, reina de serpientes,
columna de vapor, fuente en la peña,
circo lunar, peñasco de las águilas,
grano de anís, espina diminuta
y mortal que da penas inmortales,
pastora de los valles submarinos
y guardiana del valle de los muertos,
liana que cuelga del cantil del vértigo,
enredadera, planta venenosa,
flor de resurrección, uva de vida,
señora de la flauta y del relámpago,
terraza del jazmín, sal en la herida,
ramo de rosas para el fusilado,
nieve en agosto, luna del patíbulo,
escritura del mar sobre el basalto,
escritura del viento en el desierto,
testamento del sol, granada, espiga,

rostro de llamas, rostro devorado,
adolescente rostro perseguido
años fantasmas, días circulares
que dan al mismo patio, al mismo muro,
arde el instante y son un solo rostro
los sucesivos rostros de la llama,
todos los nombres son un solo nombre
todos los rostros son un solo rostro,
todos los siglos son un solo instante
y por todos los siglos de los siglos
cierra el paso al futuro un par de ojos,

no hay nada frente a mí, sólo un instante
rescatado esta noche, contra un sueño
de ayuntadas imágenes soñado,
duramente esculpido contra el sueño,
arrancado a la nada de esta noche,
a pulso levantado letra a letra,
mientras afuera el tiempo se desboca
y golpea las puertas de mi alma
el mundo con su horario carnicero,

sólo un instante mientras las ciudades,
los nombres, lo sabores, lo vivido,
se desmoronan en mi frente ciega,
mientras la pesadumbre de la noche
mi pensamiento humilla y mi esqueleto,
y mi sangre camina más despacio
y mis dientes se aflojan y mis ojos
se nublan y los días y los años
sus horrores vacíos acumulan,

mientras el tiempo cierra su abanico
y no hay nada detrás de sus imágenes
el instante se abisma y sobrenada
rodeado de muerte, amenazado
por la noche y su lúgubre bostezo,
amenazado por la algarabía
de la muerte vivaz y enmascarada
el instante se abisma y se penetra,
como un puño se cierra, como un fruto
que madura hacia dentro de sí mismo
y a sí mismo se bebe y se derrama
el instante translúcido se cierra
y madura hacia dentro, echa raíces,
crece dentro de mí, me ocupa todo,
me expulsa su follaje delirante,
mis pensamientos sólo son su pájaros,
su mercurio circula por mis venas,
árbol mental, frutos sabor de tiempo,

oh vida por vivir y ya vivida,
tiempo que vuelve en una marejada
y se retira sin volver el rostro,
lo que pasó no fue pero está siendo
y silenciosamente desemboca
en otro instante que se desvanece:

frente a la tarde de salitre y piedra
armada de navajas invisibles
una roja escritura indescifrable
escribes en mi piel y esas heridas
como un traje de llamas me recubren,
ardo sin consumirme, busco el agua
y en tus ojos no hay agua, son de piedra,
y tus pechos, tu vientre, tus caderas
son de piedra, tu boca sabe a polvo,
tu boca sabe a tiempo emponzoñado,
tu cuerpo sabe a pozo sin salida,
pasadizo de espejos que repiten
los ojos del sediento, pasadizo
que vuelve siempre al punto de partida,
y tú me llevas ciego de la mano
por esas galerías obstinadas
hacia el centro del círculo y te yergues
como un fulgor que se congela en hacha,
como luz que desuella, fascinante
como el cadalso para el condenado,
flexible como el látigo y esbelta
como un arma gemela de la luna,
y tus palabras afiladas cavan
mi pecho y me despueblan y vacían,
uno a uno me arrancas los recuerdos,
he olvidado mi nombre, mis amigos
gruñen entre los cerdos o se pudren
comidos por el sol en un barranco,

no hay nada en mí sino una larga herida,
una oquedad que ya nadie recorre,
presente sin ventanas, pensamiento
que vuelve, se repite, se refleja
y se pierde en su misma transparencia,
conciencia traspasada por un ojo
que se mira mirarse hasta anegarse
de claridad:
yo vi tu atroz escama,
Melusina, brillar verdosa al alba,
dormías enroscada entre las sábanas
y al despertar gritaste como un pájaro
y caíste sin fin, quebrada y blanca,
nada quedó de ti sino tu grito,
y al cabo de los siglos me descubro
con tos y mala vista, barajando
viejas fotos:
no hay nadie, no eres nadie,
un montón de ceniza y una escoba,
un cuchillo mellado y un plumero,
un pellejo colgado de unos huesos,
un racimo ya seco, un hoyo negro
y en el fondo del hoyo los dos ojos
de una niña ahogada hace mil años,

miradas enterradas en un pozo,
miradas que nos ven desde el principio,
mirada niña de la madre vieja
que ve en el hijo grande un padre joven,
mirada madre de la niña sola
que ve en el padre grande un hijo niño,
miradas que nos miran desde el fondo
de la vida y son trampas de la muerte
—¿o es al revés: caer en esos ojos
es volver a la vida verdadera?,

¡caer, volver, soñarme y que me sueñen
otros ojos futuros, otra vida,
otras nubes, morirme de otra muerte!
—esta noche me basta, y este instante
que no acaba de abrirse y revelarme
dónde estuve, quién fui, cómo te llamas,
cómo me llamo yo:
¿hacía planes
para el verano —y todos los veranos—
en Christopher Street, hace diez años,
con Filis que tenía dos hoyuelos
donde bebían luz los gorriones?,
¿por la Reforma Carmen me decía
"no pesa el aire, aquí siempre es octubre",
o se lo dijo a otro que he perdido
o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?,
¿caminé por la noche de Oaxaca,
inmensa y verdinegra como un árbol,
hablando solo como el viento loco
y al llegar a mi cuarto —siempre un cuarto—
no me reconocieron los espejos?,
¿desde el hotel Vernet vimos al alba
bailar con los castaños — "ya es muy tarde"
decías al peinarte y yo veía
manchas en la pared, sin decir nada?,
¿subimos juntos a la torre, vimos
caer la tarde desde el arrecife?
¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos
gardenias en Perote?,
nombres, sitios,
calles y calles, rostros, plazas, calles,
estaciones, un parque, cuartos solos,
manchas en la pared, alguien se peina,
alguien canta a mi lado, alguien se viste,
cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos,

Madrid, 1937,
en la Plaza del Ángel las mujeres
cosían y cantaban con sus hijos,
después sonó la alarma y hubo gritos,
casas arrodilladas en el polvo,
torres hendidas, frentes esculpidas
y el huracán de los motores, fijo:
los dos se desnudaron y se amaron
por defender nuestra porción eterna,
nuestra ración de tiempo y paraíso,
tocar nuestra raíz y recobrarnos,
recobrar nuestra herencia arrebatada
por ladrones de vida hace mil siglos,
los dos se desnudaron y besaron
porque las desnudeces enlazadas
saltan el tiempo y son invulnerables,
nada las toca, vuelven al principio,
no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,
verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,
oh ser total...
cuartos a la deriva
entre ciudades que se van a pique,
cuartos y calles, nombres como heridas,
el cuarto con ventanas a otros cuartos
con el mismo papel descolorido
donde un hombre en camisa lee el periódico
o plancha una mujer; el cuarto claro
que visitan las ramas de un durazno;
el otro cuarto: afuera siempre llueve
y hay un patio y tres niños oxidados;
cuartos que son navíos que se mecen
en un golfo de luz; o submarinos:
el silencio se esparce en olas verdes,
todo lo que tocamos fosforece;
mausoleos de lujo, ya roídos
los retratos, raídos los tapetes;
trampas, celdas, cavernas encantadas,
pajareras y cuartos numerados,
todos se transfiguran, todos vuelan,
cada moldura es nube, cada puerta
da al mar, al campo, al aire, cada mesa
es un festín; cerrados como conchas
el tiempo inútilmente los asedia,
no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio,
abre la mano, coge esta riqueza,
corta los frutos, come de la vida,
tiéndete al pie del árbol, bebe el agua!,

todo se transfigura y es sagrado,
es el centro del mundo cada cuarto,
es la primera noche, el primer día,
el mundo nace cuando dos se besan,
gota de luz de entrañas transparentes
el cuarto como un fruto se entreabre
o estalla como un astro taciturno
y las leyes comidas de ratones,
las rejas de los bancos y las cárceles,
las rejas de papel, las alambradas,
los timbres y las púas y los pinchos,
el sermón monocorde de las armas,
el escorpión meloso y con bonete,
el tigre con chistera, presidente
del Club Vegetariano y la Cruz Roja,
el burro pedagogo, el cocodrilo
metido a redentor, padre de pueblos,
el Jefe, el tiburón, el arquitecto
del porvenir, el cerdo uniformado,
el hijo pedilecto de la Iglesia
que se lava la negra dentadura
con el agua bendita y toma clases
de inglés y democracia, las paredes
invisibles, las máscaras podridas
que dividen al hombe de los hombres,
al hombre de sí mismo,
se derrumban
por un instante inmenso y vislumbramos
nuestra unidad perdida, el desamparo
que es ser hombres, la gloria que es ser hombres
y compartir el pan, el sol, la muerte,
el olvidado asombro de estar vivos;

amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan las alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
el mundo cambia
si dos se miran y se reconocen,
amar es desnudarse de los nombres:
"déjame ser tu puta", son palabras
de Eloísa, mas él cedió a las leyes,
la tomó por esposa y como premio
lo castraron después;
mejor el crimen,
los amantes suicidas, el incesto
de los hermanos como dos espejos
enamorados de su semejanza,
mejor comer el pan envenenado,
el adulterio en lechos de ceniza,
los amores feroces, el delirio,
su yedra ponzoñosa, el sodomita
que lleva por clavel en la solapa
un gargajo, mejor ser lapidado
en las plazas que dar vuelta a la noria
que exprime la substancia de la vida,
cambia la eternidad en horas huecas,
los minutos en cárceles, el tiempo
en monedas de cobre y mierda abstracta;

mejor la castidad, flor invisible
que se mece en los tallos del silencio,
el difícil diamante de los santos
que filtra los deseos, sacia al tiempo,
nupcias de la quietud y el movimiento,
canta la soledad en su corola,
pétalo de cristal en cada hora,
el mundo se despoja de sus máscaras
y en su centro, vibrante transparencia,
lo que llamamos Dios, el ser sin nombre,
se contempla en la nada, el ser sin rostro
emerge de sí mismo, sol de soles,
plenitud de presencias y de nombres;

sigo mi desvarío, cuartos, calles,
camino a tientas por los corredores
del tiempo y subo y bajo sus peldaños
y sus paredes palpo y no me muevo,
vuelvo donde empecé, busco tu rostro,
camino por las calles de mí mismo
bajo un sol sin edad, y tú a mi lado
caminas como un árbol, como un río
caminas y me hablas como un río,
creces como una espiga entre mis manos,
lates como una ardilla entre mis manos,
vuelas como mil pájaros, tu risa
me ha cubierto de espumas, tu cabeza
es un astro pequeño entre mis manos,
el mundo reverdece si sonríes
comiendo una naranja,
el mundo cambia
si dos, vertiginosos y enlazados,
caen sobre las yerba: el cielo baja,
los árboles ascienden, el espacio
sólo es luz y silencio, sólo espacio
abierto para el águila del ojo,
pasa la blanca tribu de las nubes,
rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,
perdemos nuestros nombres y flotamos
a la deriva entre el azul y el verde,
tiempo total donde no pasa nada
sino su propio transcurrir dichoso,

no pasa nada, callas, parpadeas
(silencio: cruzó un ángel este instante
grande como la vida de cien soles),
¿no pasa nada, sólo un parpadeo?
—y el festín, el destierro, el primer crimen,
la quijada del asno, el ruido opaco
y la mirada incrédula del muerto
al caer en el llano ceniciento,
Agamenón y su mugido inmenso
y el repetido grito de Casandra
más fuerte que los gritos de las olas,
Sócrates en cadenas "(el sol nace,
morir es despertar: "Critón, un gallo
a Esculapio, ya sano de la vida"),
el chacal que diserta entre las ruinas
de Nínive, la sombra que vio Bruto
antes de la batalla, Moctezuma
en el lecho de espinas de su insomnio,
el viaje en la carretera hacia la muerte
—el viaje interminable mas contado
por Robespierre minuto tras minuto,
la mandíbula rota entre las manos—,
Churruca en su barrica como un trono
escarlata, los pasos ya contados
de Lincoln al salir hacia el teatro,
el estertor de Trotsky y sus quejidos
de jabalí, Madero y su mirada
que nadie contestó: ¿por qué me matan?,
los carajos, los ayes, los silencios
del criminal, el santo, el pobre diablo,
cementerio de frases y de anécdotas
que los perros retóricos escarban,
el delirio, el relincho, el ruido obscuro
que hacemos al morir y ese jadeo
que la vida que nace y el sonido
de huesos machacadosen la riña
y la boca de espuma del profeta
y su grito y el grito del verdugo
y el grito de la víctima...
son llamas
los ojos y son llamas lo que miran,
llama la oreja y el sonido llama,
brasa los labios y tizón la lengua,
el tacto y lo que toca, el pensamiento
y lo pensado, llama el que lo piensa,
todo se quema, el universo es llama,
arde la misma nada que no es nada
sino un pensar en llamas, al fin humo:
no hay verdugo ni víctima...
¿y el grito
en la tarde del viernes?, y el silencio
que se cubre de signos, el silencio
que dice sin decir, ¿no dice nada?,
¿no son nada los gritos de los hombres?,
¿no pasa nada cuando pasa el tiempo?

—no pasa nada, sólo un parpadeo
del sol, un movimiento apenas, nada,
no hay redención, no vuelve atrás el tiempo,
los muerto están fijos en su muerte
y no pueden morirse de otra muerte,
intocables, clavados en su gesto,
desde su soledad, desde su muerte
sin remedio nos miran sin mirarnos,
su muerte ya es la estatua de su vida,
un siempre estar ya nada para siempre,
cada minuto es nada para siempre,
un rey fantasma rige sus latidos
y tu gesto final, tu dura máscara
labra sobre tu rostro cambiante:
el monumento somos de una vida
ajena y no vivida, apenas nuestra,

—¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuándo somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos
la vida —pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos—,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
vida que nos desvive y enajena,
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos,

Eloísa, Perséfona, María,
muestra tu rostro al fin para que vea
mi cara verdadera, la del otro,
mi cara de nosotros siempre todos,
cara de árbol y de panadero,
de chófer y de nube y de marino,
cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo,
cara de solitario colectivo,
despiértame, ya nazco:
vida y muerte
pactan en ti, señora de la noche,
torre de claridad, reina del alba,
virgen lunar, madre del agua madre,
cuerpo del mundo, casa de la muerte,
caigo sin fin desde mi nacimiento,
caigo en mí mismo sin tocar mi fondo,
recógeme en tus ojos, junta el polvo
disperso y reconcilia mis cenizas,
ata mis huesos divididos, sopla
sobre mi ser, entiérrame en tu tierra,
tu silencio dé paz al pensamiento
contra sí mismo airado;
abre la mano,
señora de semillas que son días,
el día es inmortal, asciende, crece,
acaba de nacer y nunca acaba,
cada día es nacer, un nacimiento
es cada amanecer y yo amanezco,
amanecemos todos, amanece
el sol cara de sol, Juan amanece
con su cara de Juan cara de todos,

puerta del ser, despiértame, amanece,
déjame ver el rostro de este día,
déjame ver el rostro de esta noche,
todo se comunica y transfigura,
arco de sangre, puente de latidos,
llévame al otro lado de esta noche,
adonde yo soy tú somos nosotros,
al reino de pronombres enlazados,

puerta del ser: abre tu ser, despierta,
aprende a ser también, labra tu cara,
trabaja tus facciones, ten un rostro
para mirar mi rostro y que te mire,
para mirar la vida hasta la muerte,
rostro de mar, de pan, de roca y fuente,
manantial que disuelve nuestros rostros
en el rostro sin nombre, el ser sin rostro,
indecible presencia de presencias...

quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
dormí sueños de piedra que no sueña
y al cabo de los años como piedras
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las puertas se desmoronaban
y el sol entraba a saco por mi frente,
despegaba mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre.
México, 1957


FUENTE: http://www.poema-de-amor.com.ar/mostrar-poema.php?poema=4087

viernes, 3 de abril de 2009

JAIME SABINES BIOGRAFIA



"2009 AÑO INTERNACIONAL DE JAIME SABINES"

Jaime Sabines nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926. Es hijo del mayor Julio Sabines, de origen libanés, y de doña Luz Gutiérrez, nacida en Chiapas.

Julio Sabines, nació en un pueblo cerca de Líbano, siendo un niño junto con sus padres y sus dos hermanos emigró a América. La familia se asentó en Cuba, pero pocos años después Julio se marchó a México. Participó en la Revolución y, al llegar a Chiapas, había alcanzado ya el grado de capitán de las fuerzas carrancistas. Por su parte, Doña Luz pertenecía a la alta sociedad chiapaneca de su tiempo. Fue hija de Joaquín Miguel Gutiérrez, jurista y dirigente liberal que fue gobernador del estado en cuyo honor la capital, Tuxtla, lleva su apellido. Julio y Luz tuvieron tres hijos: Juan, Jorge y Jaime, nuestro poeta.

Fue durante la preparatoria cuando Jaime publicó sus primeros poemas en el periódico de la escuela llamado El Estudiante; Algunos de ellos están en su primer libro, Horal. No obstante, reconoce que la mayoría de lo escrito en esa época eran versos de principiantes, como lo dejan ver —dice— los mismos títulos: "A la bandera", "A mi madre", "Primaveral", "Introspección", y poemas a las novias. Sabines llegó a ser director de ese periódico, que alguna vez lo consideró un futuro valor de las letras chiapanecas



En 1945 viajó a la ciudad de México para estudiar medicina, carrera que abandonó a los tres años porque su concepto romántico de la medicina —quería inventar medicamentos— desapareció en los primeros meses en que estuvo en el antiguo edificio de la Inquisición, en la Plaza de Santo Domingo en el Centro Histórico, edificio sede de la Escuela de Medicina. De pronto se encontró solo, en una ciudad indiferente, y se puso a leer con fruición y desvarío. Nació la necesidad de escribir sus angustias. No quería ser médico. El poeta se hizo en ese tiempo en que estuvo en contacto con el dolor humano.

Fue en este mismo año cuando publicó el primer poema que consideró bueno, "Introducción a la muerte", en la revista América, que dirigían Efrén Hernández y Marco Antonio Millán.



Después, Jaime regresó a Chiapas, donde permaneció un año. Trabajó como vendedor en la mueblería Sabines, propiedad de su hermano Juan. En 1949 regresó a la ciudad de México e ingresó a la Escuela de Filosofía y Letras.

En su nueva facultad encontró su verdadera vocación, aprendió a ver la poesía no sólo como un don sino como un oficio. Entre sus maestros figuraban Julio Torri, Amando Bolaños e Isla, Julio Jiménez Rueda, Enrique González Martínez, José Gaos, Eduardo Nicol. Entre sus compañeros y amigos han destacado Sergio Magaña, Sergio Galindo —su gran amigo—, Emilio Carballido, Rosario Castellanos, Dolores Castro, Luis Josefina Hernández. Algunos solían reunirse a discutir y comentar sus textos en la casa de Efrén Hernández, lugar al que asistían poetas, novelistas y dramaturgos. Ahí conoció Sabines a Juan Rulfo, a Pita Amor, a Guadalupe Dueñas y a Juan José Arreola.

Aunque Jaime Sabines comenzó a escribir a los dieciséis años, lo que rescató fue aquello que empezó a hacer a partir de los veintitrés, cuando notó que tenía una voz propia y decidió publicar Horal.

Al aparecer esta obra, Carlos Pellicer se ofreció a hacerle un prólogo, pero Sabines rechazó la oferta porque no deseaba empezar a andar con muletas, apoyándose en la celebridad de otro.

En 1952, cuando había cursado tres años en Filosofía y Letras, se vio obligado a regresar a Tuxtla ya que su padre habla sufrido un accidente y se encontraba grave. Durante los años universitarios, además de Horal, había escrito La señal y Adán y Eva.

En mayo de 1953 su hermano Juan, al ser elegido diputado, viajó a la ciudad de México, motivo por el cual le dejó su tienda de ropa a su hermano Jaime, el cual contrajo matrimonio ese mismo año con Josefa Rodríguez Zebadúa, a quien conocía desde niño.

De regreso en Tuxtla, después de su matrimonio en México e instalado en la tienda de telas El Modelo, Sabines se propuso como ejercicio de sombra —como hacen los boxeadores— hacer un soneto diario a lo largo de un mes, con la única finalidad de que la mano no se olvidara de escribir y no para buscar alguna disciplina, de la que, en el caso de la poesía, nunca ha sido creyente.

Durante siete larguísimos años, de 1953 a 1959, el poeta, a pesar de haber publicado tres libros, vivió imprecando contra su suerte por tener que hacer algo tan indigno como barrer la calle, levantar las cortinas y mercar telas. "Entonces fue un gran aprendizaje de humildad —dice—, allí se me fue toda la vanidad, esa que tienen los jóvenes. Yo me sentía humillado y ofendido por la vida. ¿Cómo era posible que estuviese en aquella actividad, la más antipoética del mundo, la del comerciante?" Al cabo de dos o tres años la actividad fue ejerciendo sus influjos. La hostilidad de la provincia, para un poeta que había probado la hostilidad de la gran urbe, se nota en su libro Tarumba, nacido tras el mostrador de telas en 1945, cuando iba a nacer su hijo Julio.



Al publicar Tarumba, Sabines tenía treinta años, cuatro libros, estaba casado, y tenía un hijo, vendía telas en su tienda, a donde llegaban a pedirle consejo y a beber con él otros poetas más jóvenes: Eraclio Zepeda, Juan Bañuelos, Óscar Oliva, quienes más tarde formarían parte del grupo La Espiga Amotinada.

Sabines regresó a México en 1959, cuando su hermano Juan instaló una fábrica de alimentos para animales, a la que llegó a trabajar. Ese mismo año, en el mes de abril, el Ateneo de Ciencias y Artes le otorgó el Premio Chiapas.

De regreso en la ciudad de México, escribió Diario Semanario, un poema de amor a la enorme ciudad, la reconciliación con la gran urbe, como ha dicho el propio Sabines.

A raíz de la enfermedad y muerte de su padre, Sabines escribió en distintas épocas cada una de las dos partes de Algo sobre la muerte del Mayor Sabines. "Todo el poema —rememora el poeta— se hizo con llanto, con sangre. Es un poema del que no me gusta hablar porque es puro dolor, desgarramiento , impotencia ante la muerte..."

En 1962, la UNAM publicó el primer Recuento de poemas de Jaime Sabines, donde se recopiló casi todo lo que había escrito hasta entonces.

Dos años después fue becario del Centro Mexicano de Escritores, donde estaban Juan Rulfo, Francisco Monterde y Salvador Elizondo. Fue precisamente durante esa beca que el poeta escribió la segunda parte de Algo sobre la muerte del Mayor Sabines.

En 1965 visitó Cuba como jurado del Premio Casa de las Américas. Quedó impresionado por las carencias y mucho trabajo con que vivía la gente allá. Esto le produjo un desencanto con la izquierda. A raíz de esto escribió poemas de carácter político que incluiría en Yuria, publicado en 1967. Yuria no significa nada en especial, explica el poeta: "es el amor, es el viento, la noche, el amanecer, incluso un país o bien una enfermedad".

En 1966 murió su madre, Doña Luz. Al cabo de unos meses le escribió. Buscó hacer un canto tierno, librarse de tantas muertes. Sin embargo, al final descubrió que "ante la muerte lo único que se tiene es la cabeza rota, las manos vacías, ante la muerte el poema no existe". "Doña Luz", que forma parte del libro Maltiempo (1972), no deja de ser una reflexión filosófica ante la vida. Además, el libro habla de la cotidianidad, del cadáver de su gato, del viaje a la luna, del '68. No se trata de poesía de intensidad sino de ideas, de trucos, de inteligencia y malicia poética, explica el autor. Dos años más tarde de esta publicación, en 1974, recibió el Premio Xavier Villaurrutia.

En 1976 y 1979 fue diputado federal por Chiapas. En 1982, año en que hizo erupción el Chichonal, le fue otorgado el Premio Elías Sourasky. Sabines se encontraba en Pichucalco cuando se enteró de la noticia, pero le pareció fútil que mientras él era distinguido así, la naturaleza se encargaba de decirle lo poco importante que son estas vanaglorias y la pequeñez humana y el desamparo ante lo verdaderamente ingente.

En 1985, compró un rancho cerca de los lagos de Montebello al que bautizó con el nombre de Yuria. Fue una época en la que cultivó la tierra, y en la que estuvo en contacto profundo con la naturaleza. En 1988 fue elegido diputado por el Distrito Federal, motivo por el cual dejó su rancho.

También en 1985, recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes. En 1986, con motivo de sus sesenta años, fue homenajeado por la UNAM y el INBA. Ese mismo año el Gobierno del Estado de Tabasco le entregó el Premio Juchimán de Plata. En 1991 , el Consejo Consultivo le otorgó la Presea Ciudad de México y en 1994 el Senado de la República lo condecoró con la medalla Belisario Domínguez. Por su libro Pieces of Shadow (Fragmentos de sombra), antología de su poesía traducida al inglés y editada en edición bilingüe, Jaime Sabines ganó el Premio Mazatlán de Literatura 1996.

En la última década la enfermedad golpeó el cuerpo del poeta. Una fractura en la pierna izquierda, la complicación de varios males a los que sumaron más de 35 operaciones, hicieron que Sabines permaneciera gran parte de esos años en casa. Tiempo en que el poeta pudo reflexionar más acerca de la condición humana, y en el que lorgó concluir apenas un poema "Me encanta Dios", un canto que marca su "reconciliación con Dios". Tiempo también en el que revisó sus libretas donde fue escribiendo cada uno de sus poemas, de ahí Sabines rescató algunos que se convertiran en breve en sus Poemas rescatados. En ese tiempo, el poeta también pudo viajar, cuando la enfermedad no arreciaba tanto, las ciudades de Tamaulipas, Monterrey, Guadalajara, Tijuana y Tuxtla Gutiérrez, recibieron a Sabines para escucharlo decir sus poemas. En 1995 estuvo en Nueva York para presentar su libro Pieces of Shadow; junto a su traductor W.S. Merwin. Sabines leyó algunos versos en el atrio de la catedral de San Juan "El Divino". En el verano de 1997 participó en un encuentro de poesía en la capital holandesa. En octubre de ese mismo año viajó a Quebec, Cánada, para estar en un encuentro de poesía y en la publicación de su antología bilíngüe (francés-español) Les poemes du piéton. Dos meses más tarde se encontraba en la capital francesa para presentar una nueva edición de Tarumba, traducido por Jean-Clarence Lambert; en ese mismo viaje a Europa, Sabines fue homenajeado en Madrid por la Asociación de Artistas y Escritores de España. Muchos encuentros más esperaban al poeta. Pero el dolor se impuso ante su cuerpo.

El 19 de marzo, a seis días de cumplir 73 años, Jaime Sabines decidió no luchar más contra la enfermedad. El poeta murió en su casa, acompañado de su esposa Chepita y sus cuatro hijos. Entonces ante el dolor de sus lectores, sus hijos recordaron en los diarios lo que Jaime Sabines siempre les dijo: "No hay que llorar la muerte, es mejor celebrar la vida". Sabines siempre supo, que habría de amanecer.





Semblanza a cargo de Pilar Jiménez Trejo En http://www.cnca.gob.mx/sabines/semblan.html

LA TIA CHOFI...

JAIME SABINES EN LA LUNA

A MI ME ENCANTA DIOS

JAIME SABINES POETA AMOROSO

EL ARTE Y LA CULTURA

Porque... finalmente ¿Qué es el arte? la expresión misma del espíritu y ¿La cultura? el acento que el hombre le pone a la vida....No hay mejor manera de manifestar el espíritu que a traves de nuestra propia proyección personal, hacer arte, ser artista es transparentar nuestro espíritu para que otros también lo disfruten.

Cada uno tendrá su propio sentido de manifestación, habrá quien escriba, quien pinte, quien cante, quien dance, quién toque... quién capte a traves de su lente la belleza del mundo. Pero todos, independientemente de lo que hagan, lo hacen a través de ellos mismos.

La invitación es esta: ¡Déjate fluir! ¡Deja que el arte hable por tí! Deja que lo que tienes que decir sea dicho para tu bien y para la construcción de un mundo mejor.

Los ejemplos que te pongo abajo me parece que son representativos de eso que hablamos.

Tu tienes la palabra

UNA MAS

OTRA LECCION DE VIDA